poemas ñoños para niñas frágiles.
Era simple, dejarme fluir
en palabras sencillas, fáciles.
Con el paso de los años,
me encuentro a mí mismo
intentando escribir algo con sentido
a hijas de puta que quizá no se lo merezcan.
A hijas de puta que seguramente no lo lean.
Porque es siempre la misma historia
y te cansa la misma comida de olla,
y terminas en el mismo punto.
Intentando reunir un montón de mierda,
amontonarlo, apelmazado, todo bien junto.
Harto de intentar enamorarte
y terminar vomitando en algún váter.
Y de nuevo la sensación de saberlo todo
de verlo claro
mientras te vas hundiendo en el lodo.
te cansas y terminas sentado.
Al menos ya sabes que no te ahogas
has estado tanto tiempo allí
que ahora ya sabes cómo flotas.
De pronto te das cuenta que ya no te agobia.
Que a lo mejor no eres capaz de rimar como antes,
pero ya a nadie le importa.
Porque ya no compartes tus versos para nadie.
Solo sirven para sacar el tedio a la calle.
Para quitarte el sinsentido
que es el sentido que pudo ser el sentirla.
¿Para qué sientes?
Si sabes como terminas.
Te lames la herida.
Y tratas de levantarte.
Que al fin y al cabo ese no es tu sitio.
Y en realidad el golpe no ha sido tan fuerte.
No sabes ni cómo ha podido tumbarte.
Reflexionas y la verdad viene a buscarte.
"Que el amor, es la peor enfermedad
de la que contagiarse"
Y ya todo te da igual.
Rompes los versos por donde no es,
no cuentas la sílaba y rimas del revés.
A quién le importa,
si para quien escribes no va a leer.
Te repites que no escribes para nadie,
así que guardas los dientes.
y tratas de seguir bien.
Por no haber querido, no haber creído,
no haber querido creer que se puede querer.
De repente un día te darás cuenta
que vuelves a sonreír en las fotos
Y no es fruto de ese verde absenta.
Al menos esta vez
no te buscaste en el fondo de un vaso.
Al menos esta vez.
no te echaste a perder.
¿Cuántas posibilidades había
de que hubiese alguna?...
De que fueses tú,
mi hija de puta.