Vivimos esperando que nos llegue el amor de nuestra vida...
Vivo esperando al amor de mi vida. Pero... ¿y si ya ha llegado?
Y si ya ha pasado y no me he dado cuenta?
o ¿si ya pasó y fue, la única persona que quise, mi amor verdadero? Y si ella fue el amor de mi vida y ya lo he vivido.... ¿Ya no me espera nadie ahí afuera? ¿Nadie va a hacer que me emocione de nuevo?
¿Qué puedo esperar de nadie ya?
Cuando pienso en encontrar a alguien, lo pienso de un modo totalmente pragmático.
Alguien con quien compartir unos hijos, una vida, pero ya no espero encontrar un elemento emocional que pueda moverme por dentro.
Y , como siempre, en mis momentos de divagar por el mundo insondable de los pensamientos, me pregunto si eso ha sido todo.
Me pregunto si habrá alguien para mí. Y habrá algo esperándome más allá de lo ya vivido.
Me pregunto si el resto de las personas que veo por la calle, en el metro, en el trabajo... ¿Pensarán en cosas así? Es uno de esos pensamientos recurrentes que no comparto con nadie. Bueno, ya no hay nadie con quien compartirlos.
Llevo 2 años sin hacer nada más que un viaje casa-trabajo...
Ya no hay amigos y mucho menos amor en el horizonte.
(Como sabrás, si sigues mi blog, al final hay una pieza de Música, recomiendo reproducir mientras lees, sin prisas)
Sales el viernes de trabajar... llegas a casa a las 17:00 casi, te duchas, picas algo, preparas el macuto y sales.
Arrancas la moto, le metes gasolina y sales a la autopista.
Viento fuerte, te peleas, luchas, toda la A3, congestionado, cansado, con todo el cuerpo en tensión.
El viento sigue intentando tirarte y tu sigues peleando, de lado a lado del carril, como una hoja, luchando para llegar.
Dejas la A3, unos segundos de tregua para hacer las dos rotondillas de Tarancón.
Te estiras, aceleras...
De nuevo viento, pero ésta vez más suave. El sol se está marchando y las masas de aire van regulando su temperatura...
Y verde... llegas por fin a la serranía de cuenca.
Entras en la ciudad y haces alarde de tu don, con solo mirar el mapa antes de salir, sabes llegar a tu destino.
Entras a la calle del hotel y ni miras alrededor. Metes la moto en el primer hueco que pillas y bajas, te estiras...
Y aún no te has quitado el casco, estás medio muerto de cansancio, algo
aturdido por el viento en los oídos todo el tiempo... comienzan los
abrazos, las risas, te cogen en volandas, saludas a los nuevos y estrujas a los que
ya conocías.
Por fin fuera el casco, respiras y allí están todas esas caras conocidas.
Dos años, dos años hacía.
Una lagrimilla asoma a la ventana de tus ojos... pero eres muy macho y no la dejas salir, que si sale una a lo mejor salen más.
Y por fin el hotel, y Ella. 🙋♀😯
Que te mira, con una sonrisa de oreja a oreja, como si de verdad fuese feliz al verte. Y te pregunta si vas a meter la moto al garaje.
Y asientes, como un idiota, mientras abre las puertas...
Y te mira, esperando que muevas tu puto culo, porque te has quedado de pie mirándola, como un tonto. 😳
Y como el tonto que eres reaccionas torpemente, coges la moto y bajas la cuesta bodeguera más chunga que has visto.😅
Y metes la moto mientras Julián te indica, "aquí, aquí mejor"...
Y no puedes dejar de mirarla por el retrovisor sin atender al pobre
Julián, ni entender qué cojones te está diciendo de que ahí mejor no
dejes la moto que tapas nosequé... 🙄
Soy un tipo duro, un tipo duro con chaqueta de cuero y chaleco con
parches muy chungos. 🏴☠ Pero en ese momento he vuelto a ser un niñato de 15 años que se queda tonto mirando a una chica.
Y ya ni estás cansado ni na de na... 😃
Si la música tuviese forma, sería la suya. 🎼
Sé que nunca será, o al menos lo dudo... pero en mi mente ha sido, en unos segundos, toda una vida.
Un fragmento de la obra con la que gané el concurso literario en la uni...
"Ensayo de una mesa para dos"
Lo acabo de encontrar mientras iba haciendo cajas para la mudanza.
En algunas de mis publicaciones, añado una canción al final. recomiendo que la reproduzcas mientras lees.
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¿Qué quiero?
Quiero llegar antes que ella.
Sentarme, pedir un café y esperar,
mirando por el escaparate, y ver la gente pasar.
Esperar, hasta verla entrar.
Con su boca entreabierta, el pelo a un lado, un pequeño bolso en una mano... y sus ojos paseando por el local hasta encontrarme. Un poco apresurada... porque, como siempre, llega tarde.
La sonrisa desde el otro lado del local al verme, ese tipo de sonrisa que te hace sentir bien... Como si sanase al mundo.
Como la lluvia en primavera después de un día de calor agobiante. Como una tormenta de verano.
Y mojarte en lo bello de su sencillez.
No son más que unos segundos... desde que entra hasta que llega a la mesa.
Pero los recordarás a cámara lenta.
Cada paso, cada movimiento de su blusa al compás del baile que es su cuerpo al andar.
Esos vaqueros hortera que a ella le sientan bien.
O quizá ese vestido rojo con pequeñas flores blancas.
Depende del día y la estación.
Danzando sobre ella.
El movimiento de sus caderas, mientras avanza esquivando mesas, sillas, gente invisible.
Su pelo suave, dorado, brillante, volando en sus hombros.
Hasta que llega a ti y ese momento, tristemente, termina.
Que maravilloso es observar a la mujer y su naturaleza.
Nos hicieron los dioses tan poco inteligentes si están delante...
Podría observarlas durante horas, como si observase un cuadro ricamente pintado, con miles de matices...
Y ha empezado a hablar... y sonrío.
No estoy escuchando nada.
Mi cerebro analiza el movimiento de sus manos.
Como abre el bolso y mira el móvil y te mira, mientras cuenta algo sobre... no sé, alguna escusa sobre por qué llega tarde.
Sus cejas se elevan y sus ojos se abren mucho, el sol se refleja en su color oscuro haciéndolo miel, sus manos danzan entre ella y tú...
Como coge el azucarero y lo convierte en un personaje de su historia...
Y no para su boca de explicar.
Sus manos se enfadan y da dos golpecitos con su dedo índice en la mesa.
Y sigo sin enterarme de nada.
La observo... como observo a un animal salvaje en su terreno.
Comer, levantar la cabeza, observar, escuchar, volver a comer...
Y puedes pasarte observando, como quien observa dormir a un gato, horas.
Qué hicieron los dioses en la mujer que la convirtieron en musa... Te apetece pintarla, componer una pieza sobre ella, escribir cien poemas.
Qué hicieron los dioses tan maravilloso en ellas... que desde que entró, no existe la ciudad. ni la gente que pasa frente al escaparate.
No escucho el ruido de los coches, ni la gente del local.
No existe ya el camarero, ni nada más...
Solo existe ella. Y no estoy del todo seguro de existir yo.
Hoy, el maravilloso Facebook te ha lanzado a mi cara, después de años, ha decidido que por algún motivo nos conocemos.
Hoy, también leí en un comentario en algún video lacrimógeno que amor solo hay uno.
Hoy quería haberte dicho que conseguí la casa que jamás creíste que podríamos tener.
La casa con la que soñaba que decorábamos juntos.
Tengo los planos de la habitación... tal y como la pensé para nosotros.
Tiene parcela, y piscina, como te prometí que habría.
He plantado varios árboles... y será una casa maravillosa.
Será algo que no verás nunca. Me ha saltado una foto estupenda, en la que besas a un tipo.
Son ya muchos años los que veo al tipo en tus fotos, supongo que todo irá bien.
Como siempre, escribo aquí, no quiero tampoco volver a hablar contigo ni volver a saber más. No quiero volver a escuchar tu voz, ni volverte a oler.
No quiero derretirme de nuevo al oír tu risa...
Y por algún motivo mi cuerpo aún se estremece al pensar en ti. Empecé a hiperventilar al saltarme tu perfil en pantalla...
Que tontería no?
Mi cabeza te tiene un terrible asco... Y mi cuerpo sigue pensando que eres la mejor puta droga que existe.
Y nada, que escribo ésto porque no tengo cojones a mandarte un privado. Por que creo que me podría dar un infarto si veo que lo has leído... y si ya respondes... no sé... quizá hasta me dé diarrea.
Son las 2 de la mañana y yo aquí... como un subnormal, perdiendo el tiempo pensando en alguien que ni me piensa ni me recordará.