sábado, 4 de mayo de 2019

Mesa para dos

Un fragmento de la obra con la que gané el concurso literario en la uni...

"Ensayo de una mesa para dos"

Lo acabo de encontrar mientras iba haciendo cajas para la mudanza.

En algunas de mis publicaciones, añado una canción al final.
recomiendo que la reproduzcas mientras lees.

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¿Qué quiero?

Quiero llegar antes que ella.
Sentarme, pedir un café y esperar,
mirando por el escaparate, y ver la gente pasar.
Esperar, hasta verla entrar.
Con su boca entreabierta, el pelo a un lado, un pequeño bolso en una mano... y sus ojos paseando por el local hasta encontrarme. Un poco apresurada... porque, como siempre, llega tarde.

La sonrisa desde el otro lado del local al verme, ese tipo de sonrisa que te hace sentir bien... Como si sanase al mundo.
Como la lluvia en primavera después de un día de calor agobiante. Como una tormenta de verano.
Y mojarte en lo bello de su sencillez.

No son más que unos segundos... desde que entra hasta que llega a la mesa.

Pero los recordarás a cámara lenta.
Cada paso, cada movimiento de su blusa al compás del baile que es su cuerpo al andar.
Esos vaqueros hortera que a ella le sientan bien.
O quizá ese vestido rojo con pequeñas flores blancas.
Depende del día y la estación.
Danzando sobre ella.

El movimiento de sus caderas, mientras avanza esquivando mesas, sillas, gente invisible.
Su pelo suave, dorado, brillante, volando en sus hombros.

Hasta que llega a ti y ese momento, tristemente, termina.

Que maravilloso es observar a la mujer y su naturaleza.
Nos hicieron los dioses tan poco inteligentes si están delante...

Podría observarlas durante horas, como si observase un cuadro ricamente pintado, con miles de matices...

Y ha empezado a hablar... y sonrío.

No estoy escuchando nada.
Mi cerebro analiza el movimiento de sus manos.
Como abre el bolso y mira el móvil y te mira, mientras cuenta algo sobre... no sé, alguna escusa sobre por qué llega tarde.

Sus cejas se elevan y sus ojos se abren mucho, el sol se refleja en su color oscuro haciéndolo miel, sus manos danzan entre ella y tú...

Como coge el azucarero y lo convierte en un personaje de su historia...

Y no para su boca de explicar.
Sus manos se enfadan y da dos golpecitos con su dedo índice en la mesa.
Y sigo sin enterarme de nada.

La observo... como observo a un animal salvaje en su terreno.
Comer, levantar la cabeza, observar, escuchar, volver a comer...

Y puedes pasarte observando, como quien observa dormir a un gato, horas.

Qué hicieron los dioses en la mujer que la convirtieron en musa... Te apetece pintarla, componer una pieza sobre ella, escribir cien poemas.

Qué hicieron los dioses tan maravilloso en ellas... que desde que entró, no existe la ciudad. ni la gente que pasa frente al escaparate.
No escucho el ruido de los coches, ni la gente del local.
No existe ya el camarero, ni nada más...

             Solo existe ella. Y no estoy del todo seguro de existir yo.

...
...







No existe ya nada más que esa mesa para dos.


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